Para empezar, te contaré un cuento:
Un viejo indio estaba hablando con su nieto y le
decía:
“Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi
corazón. Uno de los dos lobos es un lobo enfadado, violento y
vengador. El otro está lleno de amor y compasión”.
El nieto
preguntó: “Abuelo, dime ¿cuál de los dos lobos ganará la
pelea de tu corazón?”
El abuelo contestó: “Aquel que yo
alimente.”
La investigación neurocientífica ha demostrado
que el bienestar emocional es una habilidad que se puede aprender y
entrenar. Se ha visto que los circuitos cerebrales implicados en
el bienestar emocional son circuitos plásticos que cambian y que se
estimulan con las repeticiones. Prestar atención al momento
presente, el sentimiento de conexión social, las
experiencias placenteras, ya sean grandes o sutiles, desde el
sentimiento de amor por alguien a la calidez de un rayo de sol en la mejilla, la capacidad de aceptar la diversidad, el altruismo o la
generosidad, la compasión, la gratitud o el perdón, todos
ellos, nos abren las puertas hacia el bienestar emocional.
El
psicólogo Richard Davidson, investigador en neurociencia afectiva y
profesor de Psicología y Psiquiatría en la Universidad de
Wisconsin, ha centrado sus trabajos en la plasticidad del cerebro y
el aprendizaje de la felicidad y la compasión como habilidades,
del mismo modo que uno aprende a tocar un instrumento musical o a
practicar algún deporte. Es posible entrenar una mente para que
sea feliz, y es posible hacerlo a cualquier edad.
La base de las
emociones que implican el bienestar emocional parecen ser el amor
y la compasión. La bondad amorosa o el amor altruista es el estado
de la mente que emerge con el deseo de que todos los seres
encuentren la felicidad y las causas de la felicidad. Esto es la
compasión.
La compasión es una cualidad de la mente que nos
ayuda a hacer frente a las adversidades de la vida, al sufrimiento,
a las perdidas, a la enfermedad, a la muerte propia o de otros
seres queridos.
La compasión es una habilidad que se entrena para
afrontar este sufrimiento.
Se dice que la compasión surge cuando
el amor altruista se encuentra con el sufrimiento propio o de otros
seres queridos. La compasión sería el deseo de que todos los
seres estuvieran libres del sufrimiento y de las causas del
sufrimiento.
A diferencia de la empatía, que es la capacidad para
entrar en resonancia afectiva con los sentimientos de los demás y
tomar conciencia de su situación, la compasión va un paso más
allá. A través de ella nos comprometemos con el deseo
de aliviar el sufrimiento propio y el de los demás. En los
circuitos cerebrales relacionados con la compasión se activa la zona
motora del cerebro, como si la compasión te
pusiera en marcha
para aliviar el sufrimiento. Es un estado activo, que te capacita, no
se trata de una condición de pasividad o resignación.
La
investigación científica ha demostrado que los circuitos cerebrales
de la empatía y de la compasión son diferentes. La compasión
se desarrolla con la práctica de Mindfulness. Jon Kabat Zinn nos
dice que si escuchas la palabra "Mindfulness" (Atención Plena) y
no surge inmediatamente la palabra "heartfulness" (Corazón pleno), es
que no es verdadero Mindfulness. Otras escuelas han dedicado su
esfuerzo a cultivar específicamente una “mente compasiva”. La
regulación emocional y la práctica de Mindfulness fomentan el
bienestar emocional, aumentan las emociones positivas o saludables y
la conducta pro social. La compasión se ha asociado a la
motivación para ayudar y al deseo del alivio del sufrimiento.
La
investigación neurocientífica ha demostrado que la práctica de
compasión se asocia con una disminución de estados poco saludables
o perjudiciales como serían la depresión, la ansiedad, el estrés,
la vergüenza o el rechazo de la imagen corporal y que aumenta
estados beneficiosos y saludables como serían la gratitud, la
felicidad o la satisfacción vital. Muchos de los programas
estándar de Mindfulness, han incorporado prácticas de compasión y
se ha pensado que pueden ser el ingrediente clave para el cambio.
El
poeta Hafez de Shiraz nos lo recuerda en su poema “Se sintió el amor”: "Cómo puedo esta rosa abrir su corazón y entregar al mundo toda su belleza. Sintió el aliento de la luz contra su ser. De otro modo, todos seguiríamos demasiado asustados".
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